Leonado
Da Vinci
En
este taller el joven Leonardo podía aprender muchas cosas. Sería
iniciado en los secretos técnicos de trabajar y fundir los metales,
aprendería a preparar cuadros y estatuas cuidadosamente. Aprendería
a estudiar las plantas y los animales para introducirlos en sus
cuadros y recibía una perfecta capacitación en las leyes ópticas
de la perspectiva y en el empleo de los colores.
No
existía nada en la naturaleza que no despertase su curiosidad y
desafiara su inventiva. Exploró lo secretos del cuerpo humano
haciendo la disección de más de 30 cadáveres, investigó las leyes
del oleaje y de las corrientes marinas, pasó años observando y
analizando el vuelo de los insectos y de los pájaros, lo que le
ayudó a concebir una máquina voladora que estaba seguro de que un
día se convertiría en realidad. Las formas de las nubes, las
modificaciones producidas por la atmósfera sobre el color de los
objetos distantes, las leyes que gobiernan el crecimiento de los
árboles y de las plantas, la armonía de los sonidos, todo eso era
objeto de sus incesantes investigaciones, las cuales habrían de
constituir las bases de su arte.
Las
pocas obras que Leonardo terminó en sus años de madurez han llegado
a nosotros en muy mal estado de conservación. Un ejemplo de esto es
la famosa pintura mural “La última cena”, en esta obra había
vuelto al texto de las Escrituras, y se había esforzado en hacer
visible el momento en el que Cristo pronuncia las palabras “yo os
aseguro que uno de vosotros me entregará”, y muy entristecidos
cada uno de los apóstoles le dice: ¿acaso soy yo señor?, es este
preguntar y señalar el que introduce el movimiento en la escena. A
pesar de la agitación causada por las palabras de Cristo no hay nada
de caótico en el cuadro. Los 12 apóstoles parecen formar con toda
naturalidad cuatro grupos de tres, relacionados unos con otros
mediante gestos y movimientos.
Hay
otra obra de Leonardo que quizás sea más famosa: el retrato de la
dama florentina cuyo nombre era Lisa (Mona Lisa). Lo que sorprende de
esta obra es el modo en que Lisa parece vivir. Realmente se diría
que nos observa y que piensa por sí misma.
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Todo esto resulta un tanto misterioso. Sin embargo, Leonardo pensó conscientemente en cómo conseguir ese efecto. Él vio un problema que la conquista de la naturaleza había planteado a los artistas. Las grandes obras de los maestros del Quattrocento italiano tenían algo en común: sus figuras parecían algo rígidas, casi de madera. Los artistas intentaron vencer esta dificultad de diversos modos. Pero solo Leonardo encontró la solución al problema. El pintor debía dejar al espectador algo por adivinar. Si los contornos no estaban tan estrictamente dibujados, si la forma era dejada con cierta vaguedad como si desapareciera en la sombra, la impresión de dureza y rigidez seria evitada. Esta es la famosa invención de Leonardo que los italianos denominan sfumato, el contorno borroso y los colores suavizados que permiten fundir una sombra con otra y que siempre dejan algo a nuestra imaginación.
Todo
aquel que ha tratado de dibujar o bosquejar un rostro sabe que lo que
nosotros llamamos la expresión se centra en dos rasgos: la comisura
de los labios y los extremos de los ojos. Precisamente son estas
partes las que Leonardo dejó en lo incierto, haciendo que se fundan
con sombras suaves. Por este motivo nunca llegamos a saber con
certeza cómo nos mira realmente Mona Lisa.



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